Hoy, 11 de junio, es domingo y todo está tranquilo a las 6:20 horas. Tan solo se oye algún timbre que llama a los enfermeros por alguna necesidad urgente.
Esta noche he dormido poco, quizá será porque no lo necesito. Durante el tiempo que he estado despierto he mirado al techo de la habitación buscando los caminos del sueño, algún rastro desapercibido, alguna palabra que no he escuchado con claridad en el momento más oportuno, a alguien que no acertaba con la habitación donde me encuentro, algún médico o enfermero o “un ángel de la guarda” que se me acerca con sigilo para no despertarme
o para ofrecerme un analgésico que me calme el dolor y me facilite el sueño…Ésta ha sido una buena idea y una buena experiencia. Me he sentido bien acompañado en todo momento. ¡Qué placer he experimentado al verme unido a tantos y tan buenos amigos! Repetiré la experiencia.
Ayer no me visitaron los cirujanos. Me asistieron los enfermeros. Conocí a alguno nuevo y estoy convencido de que todos salen de la misma escuela. Me levantaron y anduve 14 pasos. Me sentaron y pude aguantar tres horas. Me sentí necesitado, pero fuerte.
Vinieron a verme dos sobrinos que miden 1,85 m. de altura y veinte metros de bondad. Pasé un feliz rato al ver la riqueza mental que tienen.
Después vino un amigo al que hacía ya tiempo que no veía. Hablamos de todo, la niñez, juventud, madurez, hijos, proyectos, lo conseguido y lo que se quedó atrás. Pero, lo principal fue la amistad.
De este largo y aprovechado día, he aprendido que la vida es transitoria, breve, regalada, bella y única. Que hay que vivirla cada segundo que podamos con toda la intensidad que merece.
Cada día aprendo algo nuevo. Todos podemos aprender de todos. Aunque no tengamos muchos profesores con título, todos tenemos algo que otros desconocen y algo que no conocemos. ¡Qué bonito y relajante es ver lo que podemos descubrir y asimilar solos, con una atenta observación sobre lo que sucede a nuestro lado, donde está la universidad de la vida con los mejores maestros que podemos tener!
Mañana volveré a mirar al exterior para ver cómo nace el color en el horizonte y embellece el cielo formando un inmejorable cuadro por su arte y su tamaño.
Esta es la vida en su inmensidad y en su sencillez: el paso inexorable de los días, que nos parecen siempre iguales, pero siempre son diferentes.
Siempre con la riqueza adquirida y con la esperanza de que seguiremos aumentado esa riqueza. GARCIA MOTOS
ANDRES GARCIA MOTOS