Decía Azorín que recordaba los primeros tiempos de su infancia como si los hubiera vivido en otra existencia, en un planeta lejano.
Pero ¿hay algún recuerdo antes de esa percepción? Parece ser que no, es la llamada amnesia infantil. Comenzamos a recordar algunas cosas entre los tres o cuatro años, pero hay ciertos episodios puntuales que sí pueden ser recordados alrededor de los dos años e, incluso, antes. Es memoria sensorial y puede almacenar imágenes, sonidos, sensaciones físicas…
Algo de esto último debió de ocurrir en los primeros años de mi vida. Veo formas que parecen plantas grandes y flores en la Alameda de Jaén. Seguramente ya había estado allí muchas veces antes de los tres, de la mano amorosa de mi madre. Lo presiento.
Las primeras veces que volví, ya consciente, recuerdo, sobre todo, árboles que luego fui identificando en mis visitas: abetos, cedros, pinos y olmos; curiosamente, no vi ningún álamo. También rosales de mil colores; pacíficos, corintos encendidos entre sus ramas. Arriates de pensamientos blancos, azules, rosa y negros. Los morados se quedaron, desde que los vi, estañados para siempre en mi materia. Más tarde, supe que era el color de Jaén.
Hierro negro y surtidor permanente en las fuentes. Liñuelos con retales de nostalgia tendidos al sol de la mañana. Bulle la vida obstinada en los cortijos del valle.
Senderos, altozanos en los confines. Un universo de olivos bajo el mirador del parque.
Con la tarde «Volverán las oscuras golondrinas» y los estorninos, pardales, currucas, alondras, mirlos y zorzales. Vencejos, vecinos del sur, venciendo al viento.
Pájaros de nuestro asombro, ¿Dónde estáis?
Recuerdo la casa de mi abuela, muy cerca del Paseo de la Alameda. Plenilunio y jazmines, en la noche de San Juan. Allí guardé recuerdos; era otra existencia, en un planeta lejano.
Los solsticios no han vuelto y nunca ya he oído a los mirlos cuando cantaban al alba.
Después, ha ido pasando silenciosa la historia.
Sin embargo, los muros de la casa donde estuvimos juntos en el último invierno han florecido.
Azaleas blancas y rosas le dieron nueva vida.
Felipe Sérvulo.