Veo a Divina, de nombre tan hermoso. Fue recepcionista del Hotel Rey don Jaime de Castelldefels, lugar que escogió George Sanders para dormirse para siempre con nembutal, el mismo barbitúrico con que se nos fue Marilyn Monroe.
Me cuenta que fue ella quien dio la voz de alarma, pues el actor no contestaba a sus llamadas. Sanders le había dicho a David Niven que no pasaría de los 65 años y cumplió su palabra.
Dejó escrito que se iba aburrido de la vida y el lugar que eligió para morir no es de los peores, ni mucho menos: buen hotel, lugar privilegiado rodeado de pinos y, desde cualquier lugar por el iris y la retina nos llega el azul que enamora de ese mar tan nuestro.
Hay formas de marcharse elegantemente, sin hacer pasar un mal rato a quienes tienen que recoger restos espar-cidos, por poner un ejemplo.
El diario La Vanguardia dio la noticia: «El dandi de Hollywood se suicidó en Castelldefels». Fue el 25 de abril de 1972. Se había hospedado el 23, Diada de Sant Jordi, con diferencia, el día más bonito de Cataluña.
Radio Barcelona, EAJ1, fue la primera que lo anunció y después hemos sabido que el esposo de Divina era Javier Tagle, prestigioso radiofonista de esa emisora. Fuentes confidenciales las llaman los periodistas.
Felipe Sérvulo