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UNA LAGRIMA
A veces bordea el párpado,
recoge la humedad
de un dolor sin esquinas,
tiembla en el lagrimal
como un sueño a la intemperie,
se blande sobre el lila de una ojera,
oscila y se desprende
resbalando en la mejilla;
suicidándose de un labio
salta hacia un abismo ignoto,
a veces, incluso,
cae sobre un papel escrito
tachonado de ausencias
desliendo su tinta
y emborronanndo
toda la soledad que cabe
en la burbuja de un grito líquido;
otras veces, frente a los espejos,
se precipita delgada y frágil
hacia algún desagüe,
recorre túneles de decepción,
serpentea cañerías plomizas
y embarca en sucios sumideros
rumbo a alcantarillas
que van a dar a la mar.
Allí se mezclará otra vez
con su esencia salada, ascenderá
al calor de un día ajeno y nuevo,
se enfriará en altura
y, cuando menos lo esperemos,
lloverá,
sin darnos cuenta,
una lágrima.
Ismael Pérez de Pedro