Veo a Divina, de nombre tan hermoso. Fue recepcionista del Hotel Rey don Jaime de Castelldefels, lugar que escogió George Sanders para dormirse para siempre con nembutal, el mismo barbitúrico con que se nos fue Marilyn Monroe.
Me cuenta que fue ella quien dio la voz de alarma, pues el actor no contestaba a sus llamadas. Sanders le había dicho a David Niven que no pasaría de los 65 años y cumplió su palabra.




























































