No es que sea feo el pavimento hexagonal del Paseo de Gracia, diseñado por Gaudí en 1904, o los bancos-farolas, que dicen que también diseñó Gaudí, lo que no es cierto, porque, en realidad, lo hizo Pere Falqués. Tampoco son feos los parterres de margaritas, espliegos, dalias, petunias, pensamientos, gladiolos, lirios y crisantemos; ni mucho menos las acacias, chopos o plátanos que los acompañan. Mucho menos aún las palomas o las fuentes de plaza Cataluña; ni siquiera los estorninos que se fueron y ojalá vuelvan
Mariluz no tuvo hijos, gestionó, como pudo y mal, la muerte de su marido a los pocos años de casarse y cuando murió sola y de pena, sus sobrinos, una catedrática, un médico y un funcionario de la Diputación de Jaén a los que no veía desde hacía más de un año, heredaron el piso de la calle Maestra, algunos euros y una finquita en Torredonjimeno. En el tanatorio, decían que había que ver lo que la querían y echaban de menos.
A Lucía se la llevó un cáncer de los que, según las estadísticas, se salvan el 95 % de los enfermos. Siempre fue hermosa y exclusiva.
En nuestra playa, sin ir más lejos, el sol acude rozando las estribaciones del Massís de Garraf y por momentos se sumerge en el mar, entonces, las aguas y el cielo se entintan con las más variadas tonalidades. Ha comenzado el crepúsculo.
Acuden muchas personas, algunas de ciudades cercanas, para contemplar al día que se va y al acabar, los aplausos, muchas veces, rompen el emocionado silencio.
En una madrugada insomne, he recordado otro crepúsculo. Era un poema pensando para Sadako Sasaki,
La pintora barcelonina Nuria Catedra torna a Viladecans després de 28 anys amb el seu nou treball DESBORDES, exposició que s’inaugurarà el dijous 14 de maig, a les 18.30 hores, a la Torre del Baró, i que ha fet conjuntament amb associacions que agrupen persones amb discapacitat intel·lectual. En concret, les entitats participants són Alpi, de l’Hospitalet, i ASDIVI
Se nos ha marchado Diego Fernández Pérez a la edad de 67 años. Nuestro presidente de la Fundación Espejo nos dejaba sin avisar un doce de febrero con viento y sin piedad. Perdemos a la persona que tanto ha hecho por la cultura en su Viladecans, la ciudad que le debe a la fundación cultural que levantó junto a su amigo José Luís Bravo tantos certámenes literarios y de pintura, tantas presentaciones de libros, tantos recitales de poesía, actos, reuniones, debates.
Cuando era joven, pensaba que sabía escribir. No sabía, pero escribía. Ha pasado casi toda la vida, ahora ya sé que nunca fui escritor, pero junto palabras.
Compongo historias mínimas que a casi a nadie interesan. Algunas veces, hasta me atrevo con poemas, que es mostrar mi intimidad, y tampoco importan a casi nadie.
La casa, los libros, los escasos amigos, el café matutino en soledad buscada. Hace tiempo que la vida
Decía Azorín que recordaba los primeros tiempos de su infancia como si los hubiera vivido en otra existencia, en un planeta lejano.
Pero ¿hay algún recuerdo antes de esa percepción? Parece ser que no, es la llamada amnesia infantil. Comenzamos a recordar algunas cosas entre los tres o cuatro años, pero hay ciertos episodios puntuales que sí pueden ser recordados alrededor de los dos años e, incluso, antes. Es memoria sensorial y puede almacenar imágenes, sonidos, sensaciones físicas…
Herald y Annelise se besan, ya es abril y sus besos revolotean entre los veladores del Zúrich, tomados por guiris de Paellador y sangría.
Enfrente, al comenzar La Rambla, alguien ha improvisado un altar. Hay cientos de ramos de flores traídas por manos amorosas junto a fotos de Alexéi Navalny.
Declina el día; el silencio, las flores y las velas encendidas impregnan este lugar de tristeza.
Muy pronto estar de acuerdo va a convertirse en un acto revolucionario. Vivimos o habitamos en un frentismo desolador que, a pesar de sus horribles consecuencias en lugares por los que, a posteriori, nos sobrecogemos, no para de aumentar y de alimentar esa condición tan humana y tan nefasta que es pensar que sólo nosotros poseemos la razón absoluta de las cosas y que, por consiguiente, todos los otros no únicamente están equivocados, sino que, además, han de ser reconducidos en su error, reeducados en nuestras posiciones o, por el contrario, dejados de lado, ignorados o, en el peor de los casos, combatidos y aniquilados.
El alba que devora la mañana
deja manchas de nube en las aceras,
un cielo desconchado y con goteras
y cáscaras de niebla en la ventana.
Un hilo tímido de luz hilvana
el hueco de tu ausencia a mis ojeras
y empiezan a enjugarse las primeras
hebras de escarcha y polvo en la persiana.
Esta noche muchos miraremos la luna. Lo haremos independientemente del idioma que hablemos, del dios en que creamos (si es que creemos en alguno), del lugar que habitemos, o deshabitemos, o que nos habita, de si somos más de estos o de los otros, o somos, simplemente, melibeos.
La luna es de quien la trabaja.
Miraremos esa luna que no puede ocultarse, como la verdad, por mucho tiempo. Una luna que sangrará por nuestra herida.
Quizás hagamos (o nos hagamos, o nos hagan) algunas de esas promesas que
y acuden Kalita y Lúa.
Bienllegado desorden,
ellas son nuestro doméstico
árbol de la vida.
Septiembre tiene días soleados
que hacen madurar la esperanza.
Tiene un azul más intenso,
donde otoño ya cursa mensajes
y concilia luces.
Dicen que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver.
En los veranos de mi infancia, en días como este, subíamos en pandilla a lo alto de la montaña a contemplar las Perseidas. Nos tumbábamos sobre la hierba lejos de toda contaminación lumínica, bajo el embozo de seda de la noche, a ver caer esos pequeños milagros incandescentes.
Pedíamos deseos cada vez que una cruzaba la cúpula de nuestra mirada. Deseos de adolescente; el beso pretendido de alguien recostado a tu lado y que nunca viajó de la
Herald y Annelise se besan, ya es abril y sus besos revolotean entre los veladores del Zúrich, tomados por guiris de Paellador y sangría.
Enfrente, al comenzar La Rambla, alguien ha improvisado un altar. Hay cientos de ramos de flores traídas por manos amorosas junto a fotos de Alexéi Navalny.
Declina el día; el silencio, las flores y las velas encendidas impregnan este lugar de tristeza.
Patria, etnia, bandera, derechos, identidad. Palabras que matan.



















